3 junio, 2020
Gilles de Rais

Gilles de Rais: El verdadero Barba Azul

Gilles de Rais fue un respetado caballero, que hasta se hizo un renombre, pero eso no le duró mucho, ya que se le acusó de los más horribles y atroces crímenes.

¿Te sabes el aterrador cuento de hadas Barba Azul? Ese en el que una mujer descubre que su marido oculta en una habitación prohibida los cadáveres de sus anteriores esposas.

Pues en una región del noroeste de Francia, esta historia está inextricablemente vinculada a la de un asesino que vivió allí en el siglo XV, 200 años antes de que Charles Perrault escribiera su “Barba Azul”.

Eso a pesar de notables diferencias.

Una es que, como buen cuento de hadas, el de Perrault tiene un final feliz: la mujer se salva de que su esposo la degolle como hizo con las otras y se casa con un hombre bueno que borra el recuerdo de aquel monstruo.

Y la otra es que los crímenes del noble bretón asesino del siglo XV eran aún más espeluznantes.

Barba Azul

Gilles de Rais

Descendía de una de las familias más ricas y poderosas de Francia, y a los once años había heredado una de las mayores fortunas del país, que se había incrementado tras casarse a los dieciséis, con su prima e inmensamente rica, Catalina de Thouars.

Con apenas 20 años, Gilles de Rais, era ya un joven atractivo y elegante. Había recibido una esmerada formación intelectual y militar que lo llevó a tomar lugar al lado de Juana de Arco como primer teniente a favor de su amigo el rey Carlos VII. Sirvió con tal distinción en las distintas batallas de la época, que fue recompensado con el título de Mariscal de Francia. La suerte le seguía sonriendo desde su venida al mundo en 1404.

Joven e inmensamente rico, dejó las armas, se retiró y, según los libros de historia, se entregó a una vida de excesos, brujería, orgías y a su obsesión con el sexo y la muerte.

Gilles de Rais

Su peculiar método de vida dejó vacías las arcas del Mariscal de Francia. El fracaso a la hora de salvar a su compañera de armas Juana de Arco le había sumido, desde entonces, en una profunda depresión que combatía rezando y bebiendo. En esta fase de decadencia económica se rodeó de personajes cada vez más extraños, brujos, nigromantes (eso decían), alquímicos y satánicos, cuyos poderes prometían salvarle de la ruina.

Fue en ese entonces cuando sus excesos dejaron de ser tolerados por sus parientes que temían por su herencia.

Y también fue cuando sus pares, como el duque de Bretaña, vieron la oportunidad de hacerse con cuanto pudieran quitarle.

Delitos de los que probablemente la aristocracia tenía conocimiento durante años, pero a los que no les habían prestado atención pues las víctimas, a sus ojos, no tenían ningún valor, se convirtieron en el pretexto para un juicio en su contra.

En septiembre de 1440 Gilles de Rais fue acusado de asesinato, brujería y sodomía. Fue juzgado por el tribunal eclesiástico y el civil.

Gilles de Rais

Las atrocidades

Las descripciones de sus actos son espantosas.

De acuerdo a los rumores, cada vez que el barón de Rais visitaba alguna de sus propiedades, niños del área desaparecían.

Lo que pasaba tras las puertas del castillo aparece en las minutas del juicio, en la confesión de uno de sus sirvientes:

“A veces les cortaba la cabeza; otras, solo la garganta, y en otras ocasiones les rompía el cuello a golpes. Después de que las venas estaban cortadas para que languidecieran mientras su sangre se derramaba, Gilles a veces se sentaba en las barrigas de los niños y sentía placer. Inclinándose sobre ellos, los veía morir”.

Otros testigos cuentan cómo abría los cuerpos de niños y tenía relaciones sexuales con ellos mientras sus cadáveres todavía estaban calientes.

También lo acusaban de hacer cosas inmencionables con el diablo.

Los historiadores subrayan que los sirvientes fueron torturados y que Gilles fue sentenciado también a ser torturado.

Lo llevaron a la cámara de tortura y lo amarraron. Sabiendo que era imposible resistir el dolor, prefirió hablar antes que después de la tortura. Para luego ser colgado y quemado.

Gilles de Rais

Gille de Rais les habló abierta y voluntariamente a todos los presentes y confesó que, debido al ardor y placer al satisfacer sus deseos carnales, había tomado a un gran número de niños. A veces los había sometido a varios tipos de tortura.

Cometió el vicio sodomítico con ellos cuando estaban agonizando y sentía placer besando niños que ya estaban muertos y juzgando cuál de ellos tenía la cabeza más bella.

Después hacía que sus sirvientes tomaran los cuerpos, los quemaran y los redujeran a cenizas”.

Estas no son de lejos las confesiones más repugnantes o macabras de Gilles de Rais o sus sirvientes, pero dan una idea de cuán espantosos eran los crímenes de los que se hablaba.

Se calculó que mató entre 80 y 200 menores, la mayoría varones.

Gilles de Rais

¿Culpable?

En 1992 examinaron el acta del juicio de Gilles de Rais a manos del obispo Jean de Malestroit de Nantes y escucharon los argumentos de que fue víctima de pruebas circunstanciales y que puede que no hubiera matado a ningún niño.

Gilbert Prouteau, autor de una biografía de Gilles de Rais, argumentó que fue ejecutado porque el obispo Malestroit y su aliado Jean V, Duque de Bretaña, codiciaban sus propiedades.

Este último procesó el caso secular y recibió todos los títulos de las tierras del ejecutado barón de Rais.

Para Michel Crepeau, exministro de Justicia francés, el noble bretón fue juzgado por brujería cuando la verdadera motivación del juicio era política, como había ocurrido con Juana de Arco.

Dado que no se habían presentado pruebas materiales de la culpabilidad de Gilles de Rais y que su confesión se obtuvo claramente mediante tortura, el tribunal lo declaró inocente.

La mayoría de la información fue recopilada de: bbc.com

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