Frankenstein no es solo una historia de terror fundacional, sino una meditación profunda sobre la ambición humana y los límites éticos de la ciencia. La trama sigue los pasos de Victor Frankenstein, un joven y brillante científico suizo obsesionado con desentrañar los secretos de la vida y la muerte. Tras años de estudio febril y un aislamiento casi total, logra lo que parecía imposible: animar materia inerte para crear un ser vivo. Sin embargo, en el momento exacto en que su creación abre los ojos, Victor se ve superado por un horror visceral ante la apariencia grotesca de lo que ha engendrado. Este acto de abandono inicial desencadena una serie de eventos catastróficos que exploran la responsabilidad del creador hacia su obra y las consecuencias de jugar a ser Dios en un universo regido por leyes naturales.
A diferencia de las representaciones populares simplistas del cine, la criatura de Mary Shelley es un ser profundamente elocuente, sensible y trágico. Tras ser rechazado violentamente por su progenitor, el ser vaga por los bosques y montañas, aprendiendo sobre la humanidad a través de la observación silenciosa de una familia humilde. A través de sus ojos, el lector experimenta la belleza del lenguaje, la calidez del afecto familiar y, simultáneamente, la crueldad punzante del prejuicio social. La criatura no nace malvada; su transformación en un antagonista es el resultado directo de la soledad impuesta y el desprecio sistemático de una sociedad que solo valora la estética exterior, planteando la pregunta fundamental de si la maldad es intrínseca al ser o un producto del entorno y el maltrato.
La narrativa se estructura como una serie de relatos enmarcados que otorgan una profundidad psicológica inmensa a los protagonistas. El viaje literario nos traslada desde los laboratorios universitarios de Ingolstadt hasta las cumbres gélidas de los Alpes y los parajes desolados del Ártico. Esta ambientación gótica no es un mero decorado, sino que refleja con maestría el estado interno de los personajes: la frialdad de la obsesión de Victor y el aislamiento gélido de la criatura. Shelley logra que el lector empatice alternativamente con ambos, creando un conflicto moral complejo donde no existen héroes ni villanos absolutos, sino seres profundamente heridos por sus propias decisiones y por una trágica falta de compasión mutua.
El libro aborda temas de una modernidad asombrosa, como la ética en la biotecnología, la identidad personal y la búsqueda de pertenencia. A través de diálogos filosóficos cargados de una emoción cruda, la obra cuestiona qué es lo que realmente nos define como humanos. ¿Es nuestro origen biológico, nuestra capacidad de razonar o la necesidad imperiosa de amar y ser amado? La prosa de Shelley, elegante y cargada de una melancolía sublime, eleva la historia por encima del simple género de horror, convirtiéndola en una de las reflexiones más potentes de la literatura universal sobre la condición humana y el deseo de trascendencia a cualquier precio, incluso a costa de la propia alma.
Frankenstein es, en última instancia, una advertencia atemporal sobre el progreso descontrolado y la deshumanización de aquello que consideramos diferente. Al sumergirse en sus páginas, el lector se encuentra con una obra que desafía las expectativas y ofrece una experiencia intelectual y emocionalmente desafiante. Es un viaje hacia la oscuridad del alma, pero también una oda a la necesidad de conexión. La lucha eterna entre Victor y su creación funciona como un espejo de nuestras propias batallas internas entre la ambición y la responsabilidad, consolidando a este clásico como una lectura obligatoria que sigue resonando con una fuerza inquietante en pleno siglo XXI.
Tipo de lector: Este libro es ideal para lectores que disfrutan de la literatura gótica, los dilemas morales profundos y las historias que exploran la psicología de personajes complejos. Es perfecto para quienes buscan un clásico que combine el suspenso con la reflexión filosófica sobre la ciencia y la sociedad. Aunque requiere cierta atención debido a su estilo de prosa decimonónico, su narrativa es cautivadora y accesible para cualquier lector interesado en los orígenes de la ciencia ficción y el horror psicológico.


