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Si el amor de una madre fuera una receta de cocina, la de Leonarda Cianciulli llevaría ingredientes que harían vomitar al mismísimo Hannibal Lecter. Mientras el mundo se desmoronaba en la antesala de la Segunda Guerra Mundial, esta mujer italiana decidió que la mejor forma de proteger a su hijo favorito era mediante el sacrificio humano.
No hablamos de una simple leyenda urbana, sino de una realidad tan viscosa como la grasa que extraía de sus víctimas.
Leonarda no era el típico monstruo de película que acecha en callejones oscuros. Era la vecina amable, la que te invitaba a pasar a su cocina en Correggio para leerte el futuro en las cartas o en las tazas de café. Sin embargo, detrás de esa fachada de matrona protectora, se escondía una mente fracturada por la superstición y el miedo. Ella creía que la muerte venía por sus hijos y estaba dispuesta a ofrecerle un menú completo de tres platos para que se quedara satisfecha.

La maldición que desató el horror
Todo comenzó con una gitana y una profecía que le heló la sangre. Leonarda ya había perdido a trece hijos por abortos o enfermedades infantiles, y cuando le dijeron que sus descendientes restantes morirían pronto, su cordura simplemente se evaporó. Para ella, el destino no era algo que se aceptaba, sino algo que se sobornaba. Convencida de que la magia negra era su única aliada, decidió que la sangre ajena era la moneda de cambio necesaria para salvar a su primogénito, Giuseppe.
Su lógica era tan retorcida como eficiente: si la muerte quería una vida, ella le daría varias, pero con un toque artesanal. No se limitó a matar; ella procesó a sus víctimas. En su pequeña tienda, entre el olor a ropa limpia y pasteles recién horneados, Leonarda preparaba el caldero. El miedo a la pérdida la convirtió en una alquimista del horror, transformando a sus amigas más cercanas en productos de uso cotidiano que luego repartía entre los vecinos sin sospechas.

Faustina y el primer viaje sin retorno
La primera en caer en la trampa fue Faustina Setti, una mujer soltera y desesperada por encontrar el amor. Leonarda, con esa sonrisa que debía de ser inquietante bajo la luz de las velas, le prometió que le había encontrado un marido en otra ciudad. Le pidió que escribiera cartas a sus parientes diciendo que estaba bien y que luego las enviara desde su destino.
Pero Faustina nunca salió de Correggio. El último recuerdo que tuvo de este mundo fue el brillo de un hacha descendiendo sobre su cabeza.
Lo que siguió después parece sacado de una pesadilla febril. Leonarda arrastró el cuerpo al armario, lo cortó en nueve partes y recogió la sangre en una palangana. No había remordimiento, solo una eficiencia aterradora. El cuerpo de Faustina terminó disuelto en soda cáustica, convirtiéndose en una masa espesa que Leonarda vertió en cubos. Era el inicio de una producción en cadena donde la muerte se reciclaba en artículos de limpieza, una ironía tan negra que genera escalofríos.

Recetas de sangre y galletas crujientes
Si creías que el jabón era lo más perturbador, prepárate para el postre. Leonarda no desperdiciaba absolutamente nada. La sangre de sus víctimas, una vez coagulada, era secada al horno, triturada y mezclada con harina, azúcar, chocolate y leche. Con esa mezcla, horneaba galletas que servía con orgullo a las señoras que venían de visita, e incluso se las daba a comer a sus propios hijos. Aquellas galletas de hierro eran el secreto mejor guardado de la repostería más macabra de la historia.
La segunda víctima, Francesca Soavi, corrió la misma suerte bajo la promesa de un empleo en una escuela. Leonarda repitió el proceso con la precisión de un cirujano psicópata. El olor a grasa quemada y químicos inundaba su hogar, pero los vecinos, acostumbrados a sus labores domésticas, no sospecharon nada. La normalidad era el camuflaje perfecto para un matadero humano que operaba a plena luz del día, donde el horror se servía en bandejas de plata y se guardaba en el baño.

El error final y el jabón de soprano
La ambición y el exceso de confianza suelen ser la perdición de estos personajes. Su tercera víctima, Virginia Cacioppo, era una antigua soprano con una voz que una vez llenó teatros. Leonarda le prometió un trabajo como secretaria en Florencia. Virginia, al ser una mujer con más recursos y conexiones, dejó un rastro más difícil de borrar.
Además, según la propia confesión de Leonarda, Virginia era especialmente gorda y blanca, lo que produjo un jabón de una calidad superior, casi cremoso, que la asesina no pudo evitar presumir.
La desaparición de una mujer tan conocida levantó sospechas rápidamente. La cuñada de Virginia avisó a la policía tras notar el extraño comportamiento de Leonarda. Cuando los investigadores entraron en la casa, no encontraron un monstruo con garras, sino a una mujer menuda que insistía en su inocencia. Sin embargo, el rastro de grasa humana y las joyas escondidas hablaron más fuerte que sus mentiras. La Jabonera de Correggio finalmente fue atrapada, dejando tras de sí un rastro de burbujas y migas de galletas.

El eco eterno del caldero
Durante el juicio, Leonarda no mostró ni un ápice de arrepentimiento; al contrario, defendió sus actos como una necesidad mística para proteger a su estirpe. Su frialdad era tal que incluso corrigió al fiscal sobre los detalles técnicos de cómo desmembrar un cuerpo para que no salpicara tanta sangre.
Fue condenada a treinta años de prisión y tres en un asilo para criminales, donde finalmente murió en 1970. Pero su historia no terminó con su último aliento, pues los utensilios que usó aún se exhiben en el Museo Criminológico de Roma.
Hoy en día, caminar por las calles de Correggio todavía evoca esa sensación de inquietud al pasar frente a casas antiguas. La historia de Leonarda nos recuerda que la maldad más pura a veces no viene de fuerzas sobrenaturales, sino de una cocina bien cuidada y una vecina que sonríe demasiado. El horror se esconde en lo cotidiano, en un trozo de jabón o en una galleta crujiente que, si pudieras escuchar, te contaría secretos que preferirías no saber jamás mientras el eco de un hacha sigue resonando en el silencio.
Fuentes:
- Leonarda Cianciulli – «La saponificadora de Correggio»
- La saponificatrice di Correggio, un film internazionale sulla storia vera di Leonarda Cianciulli
- Leonarda Cianciulli, la saponificatrice di Correggio
- Serial killer – Leonarda Cianciulli
- IL “MOSTRO” DI CORREGGIO. LEONARDA CIANCIULLI, L …



